
Es cierto que, tradicionalmente, los tribunales españoles han primado a las madres a la hora de conceder la custodia de los hijos, movidos por el rancio concepto sexista de que los-niños-son-para-las-mujeres. Por fortuna cada día hay más hombres que reclaman la custodia compartida, que sin duda es lo más justo. Carrascosa dice que, en Estados Unidos, el padre no venía nunca a ver a la niña en los fines de semana que le tocaban. Esto a veces sucede: algunos padres reclaman la custodia sólo por fastidiar a la mujer. Como también hay mujeres que denuncian falsamente malos tratos (pero pocas: según las estadísticas del CGPJ, sólo un 0,19% de las denuncias son falsas). Pongamos, en fin, que el tribunal español se equivocara al darle la niña sólo a Carrascosa; y que ella hiciera mal trayéndosela a España. Aun así, ¿merecería semejante condena? ¿Y esas durísimas palabras del juez, y el regocijo de las asociaciones de hombres? En la indiferencia de la sociedad española y en la saña retumbante del juez americano lo que intuyo es la vieja furia del machismo. Que nos creíamos que ya estaba desapareciendo, pero no. Ahí sigue, recalcitrante y levantisco.
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